No soy muy amiga de tópicos, y por lo tanto, no me abono de inmediato a las voces que aseguran que todas las mujeres están discriminadas en su trabajo y vocación por ser mujeres. Creo incluso que muchas veces son otras mujeres las que ponen techo a sus congéneres, por pereza o por envidia, por jerarquías de clase. El concepto del "periodismo del yo" está muy arraigado y muchas escritoras creen que sus historias son trascendentes por la mera razón de que les ocurre a ellas.
Pero lo que escribe Laura Freixas es verdad. Yo no tomé conciencia clara del machismo imperante, de la consideración de la mujer como elemento social de segunda división, hasta que me introduje en el mundo editorial y literario. En literatura, las mujeres somos siempre menores de edad --tanto más porque ya no se permiten escrituras como la de María Zambrano, Lispector o Gordimer-- y, de golpe, pasamos a ser demasiado mayores para ser interesantes. Sin embargo, mi experiencia personal también hace que me cueste menos ser aceptada por lectores masculinos que por mujeres. Creo que, desde el momento que decides qué lector quieres, siempre terminas por pagar una prenda para llegar a él. Suele ocurrir que si en los primeros años de vida la relación con la madre es conflictiva --y la mía era sobradamente conflictiva precisamente porque yo no aceptaba los roles de sometimiento--, desarrollemos otras formas de expresión paralelas que eludan el discurso materno, que permitan escapar de él.
Laura Freixas discurre en un registro más atento a lo social, a los estándares y modos de relación social, para discutirlos o describirlos. A mí esos estándares me resultan la mayoría de veces tan bizarros como un dialecto africano. Pero creo sinceramente que la insistencia de Freixas en señalar estas inercias discriminatorias, aberrantes ya en pleno siglo XXI, merecen un apoyo. Sus planteamientos vienen del feminismo no radical. Casi podría decirse que lo radical en Freixas es su tesón.
El riesgo de concentrarse en un tema al que es fácil (o cómodo) adherirse puede derivar en la inercia de bajar el listón y empantanarse en la autocomplacencia. Pero nos queda mucho trecho antes de alcanzar a los hombres en este aspecto.
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La desvalorización de las mujeres y lo femenino en la crítica literaria española actual)
XII Premio Leonor de Guzmán
“La literatura es cosa de mujeres”, oímos y leemos constantemente. “Las mujeres leen más, las mujeres venden más, las mujeres dominan la industria editorial…”
¿Son ciertas esas afirmaciones? En La novela femenil y sus lectrices, Laura Freixas examina la cuestión desde un punto de vista cuantitativo y cualitativo, y sus conclusiones son demoledoras. Salvo en la lectura, terreno en el que ambos sexos están prácticamente igualados, la regla general es que las mujeres representan una pequeña minoría en el mundo de la literatura y la edición. Son mujeres apenas el 25 % de los escritores, un 15 % de los críticos literarios, y un escaso 20 % de los autores premiados, proporción que se reduce aún más en los premios institucionales, sobre todo los de más prestigio (6 % en el caso del Cervantes).
Esta marginación, que apenas parece disminuir con el tiempo, tiene un apoyo: la crítica literaria. Ésta transmite un discurso misógino, a veces muy sutil, con el que reafirma los pilares de la ideología patriarcal, como la identificación entre lo masculino y lo universal (mientras que lo femenino se considera, por definición, particular: “literatura de mujeres, sobre mujeres, para mujeres”) o la asignación de un valor negativo a lo femenino:
Ante una obra masculina defectuosa, los críticos atribuyen los fallos únicamente a su autor, pero si se trata de una obra femenina, los defectos se consideran propios de las mujeres en general. Tal discurso, generalizado y sostenido en el tiempo, perpetúa y legitima la exclusión de las escritoras del canon y el olvido de sus obras.
Con este libro, tan ácido y ameno como insólito en la bibliografía española, Laura Freixas desmonta tópicos y provoca reflexiones tanto más necesarias cuanto que hoy en día, en un contexto de igualdad formal entre ambos sexos, la clave de que subsista la desigualdad real se halla sin duda en las mentalidades, es decir, en la cultura.
Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba y Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba-Córdoba, 2009
156 pp. -
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Mercedes Osuna Rodríguez
Directora de la Cátedra de Estudios de las Mujeres "Leonor de Guzmán"
Córdoba














