domingo 27 de diciembre de 2009

Recuento - Fotografía, el escándalo aún...



tres imágenes de Sally Mann, (Immediate family), Virginia

Bill Henson - 2008 exhibit

Helmut Newton


Entre la fotografía analógica (suspiro: carretes, la espera, el revelado, la espera, el cuarto oscuro, las copias en papel... suspiro) y la fotografía digital se abre una brecha de conceptos. Hay quien discute si puede considerarse realmente fotografía a lo que "da" una cámara digital. Lo que no cambian son nuestras proyecciones mentales sobre las imágenes. La mujer, la violencia, el deseo contenido o tabú: Helmut Newton. Lo que no queremos saber de los niños. Lo que algunos no quieren pensar sobre los niños o con ellos. Del escándalo que provocaron las imágenes de Sally Mann en la década de los noventa a la retirada impuesta en 2008 por un juez a tres de las fotografías de la colección que Bill Henson exponía en Australia, con niños desnudos, tras la denuncia de un particular. Nunca me he chivado de nada. No soy moderna (suspiro).


Recuento - Cassavettes íntimo, Pasolini apocalíptico

Shadows, de John Cassavetes


Pier Paolo Pasolini

Gena Rowlands en Opening Night, de John Cassavetes

Cassavetes o la intensidad. Pasolini o la provocación. De los dos, la pasión y la valentía para llegar hasta el final, traspasar el límite cuando crees que ya lo has dado todo. Un poco más lejos en la personalidad efervescente. Exploración a fondo. El cine emocional y el cine intelectual no se riñen con el divismo, no buscan un público: lo crean.

Recuento - Después de Castro



Después de Castro, más Castro: Raúl.

Quizá sea cierto que Cuba es una potencia científica y ellos inventaron con éxito la clonación. Clonación: " (derivado del griego κλων, que significa "retoño") puede definirse como el proceso por el que se consiguen copias idénticas de un organismo, célula o molécula ya desarrollado de forma asexual." (de la wikipedia).

PS: las iniciativas, los empujoncitos, los respaldos en forma de becas, subvenciones, publicidad, a blogueros, escritores, poetas, artistas de todo tipo, intelectuales de un solo tipo, que impulsan y sufragan instituciones estadounidenses, miamenses, españolas, mexicanas o etc., no van a dibujar el nuevo perfil del poscastrismo.

No es que yo crea que todo es malo en Cuba; pero si la revolución era un árbol, hace mucho que se le secó la raíz.

Fidel Castro hace mucho que murió. Pero es necesario que entreguen el cuerpo, como ocurrió con Franco, para ponerle broche final al castrismo. Intuyo.



Recuento 1999-2009 - De la intriga como una de las pasiones fuertes

Portada vintage de El hombre delgado, de Hammett

De nuestro detective de la Continental a las asombrosas muertes de David Carradine o Michael Jackson. Del rosario de muertes que han seguido a la detención de Madoff al paseíllo de los invitados de mister Aznar en la boda de su daughter, galería de imputados en los casos Gurtel y Camps. Entre la codicia y la vanidad, vivimos, sorteamos estos tiempos revueltos. La primera década empieza con un crack de la economía, que arranca en 2001 con la caída de las Torres, y desnuda su cara demacrada en 2009. Y aunque nuestros chicos Nocillas y sus amigos sólo escriban de extraterrestres y fábulas catódicas --"sí, cariño, claro que lo entiendo: ¿adónde emigrar?"--, aquí en la tierra vivimos en el eterno bucle de las descaradas tiranías de toda índole.

Ellos tenían a Sam Spade. Nosotros tenemos a Garzón. ¿Tenemos a Garzón?

Recuento - de crítica literaria poscolonial

Imperios de papel, de María José Vega, en Ed. Crítica

J.M. Coetzee, de Sudáfrica a Australia;
miradas paradójicas: la voz descentrada

Disgrace, la inspirada y rara adaptación de la novela de Coetzee

Edward W. Said, miradas a Occidente desde Oriente, pasando por la Columbia University

Sin duda, un motivo para salvar esta década (y dejando de lado otras impregnaciones) es haber podido impregnarme de teoría poscolonial. Tres nombres. JM. Coetzee, E.W. Said, M.J. Vega, que abren a través de sus libros sus propias ramas de pensamiento, ríos caudalosos y fértiles. Creo que en España se obvian estos planteamientos porque no se quiere admitir que el mundo cultural --si tal cosa existe-- español es una franquicia más de Estados Unidos. El dilema no está en dejar de pensarse como "centro hegemónico" de un área concreta: España-Hispanoamérica, sino en censurar toda reflexión sobre las resistencias que oponen nuestros (supuestos) países hermanos (o primos, vete a saber cuando la terminología empleada es metafórica, luego ficcional).

Se le da la espalda a África, somos, ¿alguien no se ha dado cuenta?, los paladines de la modernidad europea (mecachis que la crisis nos ha fastidiado un poco la función). Los conflictos con Marruecos, las pateras, la inmigración latinoamericana, todo eso no es (solo) Tercer Mundo, sino lo que hay de Tercer Mundo en nosotros. La crítica postcolonial es una herramienta para ofrecer réplicas auténticas a enunciados falsos.

martes 22 de diciembre de 2009

Profecía del año 1971 sobre los reseñistas del año 2000

Vacío perfecto de Stanislaw Lem en Impedimenta


"Joachim Fersengeld es un alemán que ha escrito su Perycalypsis en holandés (lengua que conoce muy poco, como él mismo confiesa en el prólogo) y la ha publicado en Francia, país conocido por lo descuidado de las correcciones. El que escribe estas líneas tampoco está muy ducho en holandés; pero, orientado por el título del libro, la introducción inglesa y lo poco que pudo deducir del texto, se considera apto para llevar a cabo su crítica".
No encuentro mejor descripción para tantos de los que hoy publican reseñas en suplementos de diarios y revistas, digitales o no.
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(fragmento en la p. 119, en "Perycalypsis. Joachin Fersengeld (Editions de Minuit, París)", trad. de J.Maurizio).

domingo 20 de diciembre de 2009

Crítica en frío

Fairouz, cantante libanesa (1935)
http://www.youtube.com/watch?v=iE9_Guv0D3E&NR=1
Nilo de noche - Foto: Francisca Rivera
http://frivera.ojodigital.net/displayimage.php?album=28&pos=14


Escucho a Fairouz, Misk Kaya Hayek T'Koun, cantante libanesa nacida en 1935. Es el tipo de música adecuado para poner una distancia y no ceder a la fuerza centrífuga que tienen determinados "debates". No me creo el giro que está tomando el debate entre Fernando Aramburu e Ignacio Echevarria en El Cultural de El Mundo. Recibo las newsletters del suplemento, picoteo en los distintos apartados, y, en medio del asombro, me pregunto si no estará decidido de antemano que tal día haya una escalada para subir la temperatura del enfrentamiento y así conquistar a más lectores. No parece.
Sondeo un poco en las opiniones de blogueros. Todos en bloque a favor de Aramburu. Sin embargo, yo creo que quien tiene razón es Ignacio Echevarria. El problema principal de este debate es que se han puesto a dialogar o a discutir dos personas cuyos discursos no tienen posibilidades de coincidir nunca, a pesar de hablar los dos en fluido castellano y ser de la misma generación. Aramburu pasa por defender la postura de la sensatez, de salvar todos los muebles y todos los habitantes de la casa amenazada, pero lo cierto es que está representando a esa mayoría que se ha diluido en la nada absoluta de la insulsez cotidiana. Muy a menudo no estoy de acuerdo con lo que dice IE, pero me resulta imposible atacarlo en bloque o descartarlo como veo que hacen otros porque, fríamente, constato que ninguno de los que lo critican le llega a la suela del zapato.
Un ejemplo: Aramburu evoca a la lectora de Murakami cuyas experiencias, que es incapaz de expresar, encuentran un reflejo intenso en las novelas del japonés, de tal modo que el escritor vasco se siente desarmado para atacar los defectos de construcción de la novela. Como novelista, me parece interesante cómo lee una persona sin formación intelectual y que se relaciona emocionalmente con cuanto le rodea, porque su forma de leer es un rasgo más de la persona como "personaje", precisamente. Si nos quedáramos en la postura de Ignacio, un libro y una película como El lector no podría ni arrancar. La carcelera analfabeta de la SS que pide a las que van a ser sus víctimas que le leean, el valor que ella otorga al saber leer, el analfabetismo y la férrea obediencia como abismos que se colman a través de ese perfeccionamiento del alma que es la cultura, clásica además. Y, sin embargo, lo que dice IE es justamente lo que ilustra la trama de esta obra: que leer no basta. Leer no nos hace buenos. Leer es otra cosa.
En la última sesión, Aramburu habla directamente de ofensa y le recomienda a su adversario emigrar. Repasa el panorama cultural español y constata con razón que muchas cosas han mejorado. Pero todo eso ha sido a costa de unificar las personalidades que acceden a una visibilidad, o incluso a un nombre, a un cargo. El mismo malentender de lo que dice IE refleja la pérdida de una imagen interior trascendente, la renuncia a dignificar la palabra como agente de construcción personal, de transgresión real, de subversión. La cultura actual, derivada de la movida, es el sucedáneo de esa transgresión real. Y, porque ellos hablan de ETA, compárese lo que escribe del terrorismo el propio Aramburu en Los peces de la amargura con lo que dejó dicho Pasolini. No hay color.
IE ha escogido una retórica equivocada, me parece, desde que dejó El País. Se centra mucho en las ideologías, en las ideas, pero no presta atención a los gestos entendidos como imágenes, la parte icónica de los comportamientos y así deja de ver aspectos muy interesantes de la vida de hoy. En estos momentos, es más revelador, más demoledor, Barthes en Mitologías. En los años sesenta escribió lo que pasa hoy.
Tengo mi propia idea de lo que ocurre en la crítica literaria española: le falta lujo y le falta goce. Holgura y derroche, de ideas, de expresión literaria, le falta despreocupación, sensualidad y desmelene. Y documentación, ya de paso. No digo que las reseñas deban congregar todos esos ingredientes; pero lo habitual es que ninguno de ellos esté ni por asomo.
En el derroche de sí hay más humildad personal que en el tipo de reseña obligada por los suplementos. Muy al principio, Sergio Vilasanjuán me dijo que tenía que escribir las reseñas para el "senyor Pep", un señor normal, lector de La Vanguardia. Mi idea de ese senyor Pep correspondía a un botiguer que llevaba las cuentas con gran escrúpulo, hombre de bien, poco leído y más o menos putero, que compraba ese diario por las páginas de contactos. De manera que nunca escribí para el senyor Pep, sino para ponerle notas al pie o al dorso a mi propia vida. No hay que escribir crítica literaria para el senyor Pep, hay que escribir todo, incluida la lista de la compra, contra ese senyor Pep en el que pretenden convertirnos a todos.